Periodismo de sangre

enero 18, 2010 at 8:50 pm (Devenir del periodismo) (, , , , )

Muchos son los periodistas que arriesgan su vida a diario en lugares insólitos donde abundan los conflictos. La lista de reporteros muertos sigue aumentando conforme pasan los días. Unos en un país y otros en otro, al igual que la existencia de las armas. Quizás los casos más conocidos en nuestro país sean la muerte de Ricardo Ortega en Haiti y la de José Couso en Irak, pero también hay otros de los que se ha hablado menos, ya sea por la relevancia del conflicto o por las circunstancias de su muerte. El otro día pude ver el documental “La vida loca”, de Christian Poveda, uno de los periodistas (fotógrafo más concretamente) muertos por un conflicto, y precisamente, por el rodaje de dicho documental.

Christian Poveda, hispano – francés, cubrió la guerra civil de El Salvador en los años 80 y, ante los encantos del país, decidió continuar ejerciendo su profesión allí. Poveda vivió desde dicho conflicto hasta el pasado septiembre de 2009, con un conflicto totalmente diferente pero semejante a una guerra civil: la guerra entre maras. Las maras son bandas juveniles organizadas, procedentes de los barrios pobres de Estados Unidos cuyos miembros emigraron a ese país con los conflictos y regresaron cuando finalizaron. En El Salvador actualmente se libra una guerra entre dos clanes: la mara salvatrucha (ms13) y la mara 18. La guerra, totalmente distinta a la vivida en los ochenta, es igual de cruenta y tiene totalmente atemorizados a los ciudadanos de, por ejemplo, la capital. Un documental sobre la mara 18 fue el motivo de la muerte del fotoperiodista. Todo comenzó cuando Poveda decidió contactar con la mara 18, que ocupa actualmente el territorio de La Campanera, en Tonacatepeque. Fue contactando uno por uno hasta poder ser uno más de ellos. Poveda podía pasear tranquilamente por las calles de la barriada, cosa que no sucede con el resto de personas ajenas al lugar (durante 2008 murieron y desaparecieron varios camioneros por no pagar el “impuesto de guerra” de la mara 18). Fue entonces cuando el fotógrafo les propuso rodar un documental para que el mundo conociera la mara. Los miembros aceptaron y tras 18 meses de convivencia el proyecto vio luz.

“La vida loca”, así es como se llama el documental, mostraba la vida de varios miembros de la mara 18, y de cómo la zona residencial de La Campanera convivía con ellos. Los mareros estaban de acuerdo en el rodaje, pero el video final mostraba comportamientos y actitudes que no gustaban a algunos de los cabecillas, o miembros. Las prácticas ilegales, como consumo de drogas, el rito de iniciación en la mara, y demás por parte de algunos miembros condenó a Poveda a su muerte. Los mareros pretendían impedir que el documental viera luz, algo que no pudieron remediar puesto que el documental fue estrenado en el Festival de Cine de San Sebastián de 2008. Un año más tarde, el cuerpo de Poveda yacía en una carretera, en el cantón de El Rosario, a 15 kilómetros de San Salvador. Poveda volvía precisamente de mantener contacto con los mareros, ya que pretendía realizar un segundo documental acerca de la vida de las mujeres dentro del clan.

Otra de las hipótesis de la muerte del periodista fue que durante la grabación, varios miembros de la mara fueron detenidos, y se habían realizado redadas en la colonia, por lo que algunos acusaron a Poveda de ser el chivato. Dos de quienes lo acusaron fue Juan Napoleón Espinoza, policía que mantenía el contacto con la banda, y Nelson Lazo Rivera, miembro de la mara y autor intelectual del asesinato. Como resultado de las investigaciones se detuvo a otras ocho personas, al igual que se pensó que varios de los miembros que aparecían en los videos también participaron en el asesinato.

Una vez más, el periodismo ha llevado a la muerte a un hombre. Estos son los riesgos de un periodismo justo y honrado mediante el cual no se busca una fama, sino simplemente, mostrar lo que sucede a nuestro alrededor.

Respecto al documental, tiene un gran valor periodístico, ya que informa muy bien sobre como actua una banda organizada, en este caso la mara 18, pero es extrapolable a clanes similares. Lo malo periodísticamente hablando: que apenas contextualiza y no describe los elementos característicos de la banda; se limita a ser un espectador de lo que ocurre en Tonacatepeque. Quien vea el documental tendrá que informarse para comprender ciertos aspectos del documental, como el por qué pasan por las casas pidiendo la “voluntad”, por qué le pegan a un chico durante 18 segundos, y por qué entregan un cinturón a un familiar cercano justo cuando son detenidos. Aun así, muy recomendable para quienes tenga cierta curiosidad de cómo actúan y viven los miembros de estas bandas.

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